
Un libro de 1989 sobre Jamerson, titulado Standing in the shadows of Motown (traducible como A la sombra de Motown), con una biografía, una vieja entrevista y partituras con las mejores líneas de bajo del gran instrumentista, marcó el inicio de la recuperación de aquel grupo de tipos extraordinarios. Tres años después, bajo el mismo título de Standing in the shadows of Motown, se estrenó un documental que homenajeaba a los músicos desconocidos que, entre 1959 y 1972, se llamaron a sí mismos The Funk Brothers y contribuyeron no sólo a cambiar la música popular, sino a romper las barreras raciales en Estados Unidos. La película me la pasó un amigo, bajista, que acababa de descubrir las escalas melódicas de Jamerson. La recomiendo muy vivamente.
La historia comenzó a principios de 1959, cuando el compositor Berry Gordy Jr., en compañía del cantante Smokey Robinson, fundó en Detroit, conocida como Motor Town, una discográfica llamada Motown. Necesitaba músicos de estudio y recorrió los garitos de jazz para reclutarlos. En unos meses, y a cambio de unos pocos dólares, la peña de músicos juerguistas, bebedores y estrafalarios fabricó el primer gran éxito de Motown, Money (that’s all I want), un tema de los míticos Holland, Dozier y Holland, versionado al poco tiempo por los Beatles. A partir de ahí se encadenaron los bombazos, sin que a Gordy se le ocurriera pagar algo más a los músicos o reconocer, al menos, su participación en el producto. En algunos discos se citaba al jefe musical de la banda, Earl Van Dyke, y a unos anónimos Soul Brothers. Que eran, en realidad, los Funk Brothers. Que eran, en realidad, además de Van Dyke y Jamerson, tipos como Joe Hunter, Benny Papa Zita Benjamin, Robert White, Joe Messina, Richard Pistol Allen, Johnny Grifith y otros alumnos prometedores como Stevie Wonder.
En 1970, Motown descubrió un grupo familiar con un niño cantante. Se hacían llamar The Jackson Five y vivían en Los Ángeles. Motown había perdido a los Holland, vendía menos discos y, pese a seguir produciendo grandes éxitos, Gordy decidió trasladar el negocio a California. Los músicos se enteraron porque un día acudieron al estudio y los encontraron cerrados; un cartel en la puerta notificaba que la empresa se había largado a Los Ángeles. La mayoría de los Funk Brothers decidió quedarse en Detroit y volver a los garitos de siempre; otros, como Jamerson, siguieron a Gordy y soportaron mal el cambio. En el caso de Jamerson, la soledad tuvo resultados mortales. Casi de la noche a la mañana, los Funk Brothers desaparecieron sin rastro.
El libro de 1989 y la película de 2002 conllevaron el tardío reconocimiento. En 1990, Jamerson fue incluido en el Rock and roll hall of fame. En 2003, George Bush invitó a los Funk Brothers supervivientes a la Casa Blanca. En 2004, los Funk Brothers recibieron un premio Grammy especial por su carrera.
